Soy mujer, vegana, wiccana, madre de una niña a la que estoy criando de la forma más natural posible, pareja de un cantautor también vegano, y madre adoptiva de dos gatas que viven en mi casa y que colechan con todos nosotros. Todavía me queda muchísimo que aprender, sin embargo, lo que ya he aprendido me gustaría compartirlo con todos los que estéis dispuestos a escuchar.







miércoles, 7 de marzo de 2012

Prometo ser una mala madre


Mucho antes de que naciera mi hija, antes incluso de que me quedase embarazada, la gente a menudo me preguntaba si yo querría que ésta fuera vegana. Cuando yo contestaba que sí, la primera reacción de mis interlocutores era poner cara de pena, compadecer a mi futuro vástago y exclamar(unas veces con lástima y otras con burla) "Pobrecita...", respuesta que venía seguida de comentarios como "Qué platos de jamón se va a perder...", "¿Y cuando todos sus amigos vayan al Mc Donalds?", "Va a ser la rara del colegio", "¿Qué vas a hacer en los cumpleaños?".
Durante mucho tiempo una parte de mí estaba ligeramente aplastada por el peso de una culpa que no llegaba a identificar, pues sentía que mis ideales harían a mi hija tremendamente desgraciada y desintegrada del grupo humano y social en el que le corresponderá encajar. Por otro lado, no entendía por qué criar a un hijo de forma omnívora es "educar en la mesa" mientras que alimentarlo de forma vegana hasta que él pueda decidir por sí mismo es "una imposición".
Sin embargo, no sólo es una cuestión de veganismo. Existen muchos alimentos veganos que no entran en mi nevera. ¿Los motivos? Su nocividad para la salud, para el planeta o las fechorías insolidarias de sus fabricantes. Es alarmante el dato últimamente conocido sobre que el índice de muertes por obesidad mórbida en el mundo supera ya al de muertes por inanición, y lamentable que nuestro país esté a la cabeza en el ranking de naciones con altos porcentajes de obesidad infantil, superando ya a los tradicionales EEUU.
 Pues bien, tal vez esa culpa se me haya disipado un poco, y es por ello que ahora puedo levantar la cabeza para decir que mi hija será educada de forma vegana, que es muy diferente de afirmar y asegurar que mi hija será vegana, pues asumo igualmente que ella no quiera seguir mis pasos. Para mí no es preocupante que Gaia se coma una oliva con anchoa o un trozo de chorizo. Yo no voy a prohibir que coma estas cosas en otra casa. Para mí lo importante es que haga la conexión, y que se dé cuenta de que esa achoa es un pez y ese chorizo salió de un cerdo. ¿Por qué ocultarles la verdad a los niños? A cuántos de nosotros nos habrán prometido de pequeños ante el menor resquicio de replanteamiento moral que el pollito que nos estábamos comiendo murió sin sufrir... Cuando eres adulto y ves reportajes como Earthlings, en el que se ve cómo los cerdos en los mataderos sufren descargas eléctricas que no acaban con sus vidas y posteriormente son degollados y escaldados aún vivos, eso te suena a cuento de hadas. Lo que sí sé es que probablemente yo me hubiera hecho vegetariana si cuando tenía tres años me hubieran contado la verdad. Recuerdo que, para hacerme llorar, mi hermana y mi prima me contaban la historia de unos animalitos que vivían en una granja y el granjero malvado llegaba y los mataba a todos para comérselos. Y vamos que si lloraba... El problema es que luego me comía mi bocadillo de jamón sin conectar, sin darme cuenta de que ese alimento salía de un animal no humano.
No sólo reafirmo mis ideas y mi conciencia en el tema de los productos animales, sino que me niego a seguir esta corriente de desenfreno e incoherencia laureada por la ley del mínimo esfuerzo, filosofía que en nuestro siglo reina y corona el colmo de la desidia humana. No pretendo prohibir, dios me libre de erigir la educación de  mi hija sobre la base de la prohibición y la censura. Lo que quiero es no contribuir a que mi familia y yo seamos otros esclavos del sistema adictos al consumo y enfermos de vacío existencial. En consecuencia, si digo que no compro bollería industrial (repleta de grasa trans que produce colesterol, aumenta riesgo de infarto e incluso provoca a largo plazo daños cerebrales) seré una mala madre; si no compro Coca Cola(que no solamente se ha demostrado que es adictiva y nociva para la salud, sino que esta multinacional asola a países tercermundistas a los que roba el agua potable), seré una mala madre; si no compro chocolatinas(elaboradas con aceite de palma producto de la deforestación de selvas por lo que no sólo mueren animales, sino también indígenas, y procedentes en ocasiones de empresas multadas por crímenes de tráfico y esclavitud infantil) seré una mala madre; si no llevo a mi hija a McDonalds( una de las empresas que mayor porcentaje de la Amazonía está explotando por el cultivo de grano y que asesina a millones de animales cada año) seré una mala madre; si no llevo a mi hija a un circo(en el que varios animales comprados clandestinamente son maltratados para divertir a los humanos) seré una mala madre. Ante esto me asombra la hipocresía de los demás, ya que se espantan cuando conocen estos datos pero te miran con recelo si no sigues consumiendo como ellos. ¿Por qué nos da tanto miedo ser diferentes? ¿Y por qué nos da tanta rabia que otro lo sea?
Puede ser que leyendo esto hayas pensado tú también lo pobre, triste y amarga que es mi vida y la de mi familia. Te diré, no obstante, que llevo escritas varias novelas y que mi marido ha grabado en ocho años unos 20 discos en el ordenador sobremesa de casa; que nos mojamos cada año en un proyecto solidario y, hasta que nació la niña, eramos colaboradores activos en un refugio de animales(ahora un poco más pasivos aunque volveremos a la carga sin dudarlo). Te diré también que hemos recorrido kilómetros y kilómetros de bosque, que nos entusiasma elaborar artesanías y que nuestra vida social es más que satisfactoria. Como puedes comprobar, una vida sin carne, consumo, compras compulsivas y telebasura da para mucho.
Mi intención no es ser extremista, sino dar a mi hija lo que yo misma he vivido estos años, lo que considero mejor. Por un casual, imaginad que se pusiera de moda dar cocaína a los niños. Imaginad por un momento un anuncio con música alegre y niños sonrientes cuyo slogan fuese algo así como "Cocaína: la energía de cada día". Una aberración ¿verdad? Sí, ya sé que me he pasado y que el consumo de esta droga dista mucho de comerse una hamburguesa de cuestionable calidad. Pero en el siglo XIX las mujeres francesas esnifaban azufre para verse más hermosas y a nadie le sorprendía. Si normalizamos los malos hábitos sólo estamos sometiéndonos a una sociedad que nos convierte cada vez en seres más inútiles y cómodos, más conformistas e incapaces de cambiar. Nuestros padres y abuelos no tuvieron tantas cosas como nosotros, y sin embargo fueron felices: no tuvieron fast food, ni reality shows, ni se iban de shopping... Ni siquiera tenían su propia habitación, ni teléfono móvil.Y no cayeron en depresión por ello. Al contrario: es precisamente en nuestros tiempos cuando más enfermos por trastorno depresivo se registran, y más suicidios en adolescentes. Qué ironía: ahora que al fin lo tenemos todo...
La televisión está bien para ver buenas películas, incluso buenas series, pero no convertirla en único medio de entretenimiento, único juguete y única diversión. Lo mismo pasa con los videojuegos, internet(que considero que es uno de los grandes inventos de la humanidad), pero usados con responsabilidad. No descarto ir a un centro comercial, pero no como norma meterme en ellos todos los fines de semana de mi vida. Y por cierto, que en algunos bares sirven unas hamburguesas de tofu que nada tienen que envidiar a un Big Mac. Con sentido común se puede disfrutar mucho de la vida, hacer cosas normales pero no porque todos los demás lo hagan. Mi madre no es vegetariana y sin embargo nunca me llevó a Mc Donalds o Burguer King, y tampoco me compraba comida basura, y lo mejor de todo es que me hizo comprender perfectamente por qué. Tampoco celebró mis cumpleaños en los parques de bolas(no existían entonces), sino en casa, con mi hermana y mis primos, una tarta de galletas y sandwiches de Nocilla. Hacíamos los deberes al llegar del cole, y en terminar veíamos un poco la programación infantil, que terminaba antes de cenar, pues no había canales especiales como esos que emiten dibujos animados las 24 horas del día, estupendos para deshacerte de tu hijo a demanda. Muchos de los que me estáis leyendo habréis tenido experiencias como éstas, así que decidme, ¿realmente os sentís desgraciados?
Sé que con este artículo me lloverá otro alubión de críticas. Lo sé y lo asumo. Si mi hija el día de mañana se vuelve omnívora y consumista, también lo asumo, la amaré igualmente. Al fin y al cabo, somos individuos distintos y cada una elegiremos la vida que queremos llevar. Pero dejadme al menos la oportunidad de intentarlo. Si lucho por enseñar a mi hija lo que creo mejor, más ético, ecológico, saludable y respetuoso con el planeta, seré una mala madre. Si no lo hago, también. Así que lo admito, lo acepto y lo prometo: voy a ser muy mala madre.

15 comentarios:

  1. Ojalá yo hubiera tenido una madre como tu.

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  2. ¡Por Dios, Lucía, siempre me dices unas cosas preciosas...! Yo sé que cometeré muchos errores a lo largo de esta aventura de la maternidad, pero al menos que no se diga que no he hecho lo que he creído mejor por miedo a la presión social, eso nunca.

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  3. Comparto tu opinión en todo. Yo rechazo de cuajo el consumismo bestial al que estamos sometidos. Quiero educar a mis hijas en la humildad y en la conciencia de que poseer no es importante, sino disfrutar con las pequeñas cosas. Lo que ocurre es que van al cole muy chiquititos y es ahí cuando ves cómo les influyen los demás. ¡¡Pero seguiremos luchando!!
    Muchos besos y enhorabuena por tenerlo tan claro ;)
    Inés

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  4. Ahí está, nadando a contra corriente. Nadie dijo que iba a ser fácil. Besitos, guapa.

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    1. Publicando posts como éste haces que te admire, Bruja Vegana...¡cómo tiras pa`lante con tus ideas, a pesar de la presión de la sociedad en general! Yo pienso como tú, y el primer obstáculo que me encuentro es mi propio chico, el cual lo comprende todo, y está dispuesto a hacerse vegetariano cuando vivamos juntos porque está abriendo los ojos ante la cruda realidad de la explotación animal, pero aun así le da miedo no "hacer lo correcto" con nuestros futuros bebés, porque estarán en época de crecimiento y no son como los adultos, porque la mayoría de los médicos que conoce están en contra,... y eso que es él, que es sensible y se está abriendo a todo este tema, que decir ya del resto de familiares y amigos, que cuando llegue el momento pensarán que estamos locos,...si es que no lo piensan de mí ya. Un besote y sigue así guapísima, eres un ejemplo para todas las madres.

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    2. Pequeña, cómo me animan tus palabras. Sin ir más lejos, yo fui vegana antes que mi chico, y entonces yo también decía que mis hijos serían omnívoros porque era "lo normal". Es muy difícil cambiar incluso nuestras propias estructuras sociales y morales, porque desde pequeños hemos nacido dentro de un sistema que intenta que todos seamos iguales. Es el Mito de la Caverna en su máximo exponente, lo más difícil es salir de la cueva, pero cuando lo haces todo es seguir tu instinto. Ánimo, que con una chica como tú tu novio hará la conexión. Besos

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  5. Yo el día de mñn tb prometo ser una mala madre!!...jajajaja....Cuanta razón!!...Estoy completamente de acuerdo....Yo desd k era niña siempre he aborrecido las marcas....y lo k estaba de moda...siempre he kerido ser distinta....y no vestir igual k todo el mundo xk era lo k se llevaba....ni pagar una cosa k valía carísima...x ser d tal marca y ser la moda!!...Ahora k soy vegetariana...sigo pensando igual...y más distinta m veo a la mayoría....pero tengo cada vez más claras mis ideas y convicciones...y no lo pienso cambiar x nada....
    Mis felicitaciones x el post y x tu blog en general!!!Saludoss!! :P

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  6. Tu hija tiene una suerte tremenda, no sólo porque la eduques en el veganismo o no, sino porque sobre todo tiene una mamá consciente y consecuente. Felicidades a las dos.

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  7. Gracias por las felicitaciones, chicas, de todo corazón. Me honra tener lectoras como vosotras.

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  8. Hola, primera vez que ando por aquí, y debo decirte que me encantó este post. Tienes toda la razón, todita. Ojalá todo el mundo reflexionara sobre sus acciones como has hecho tú aquí. Eso falta mucho: reflexión, buscar el porqué hacemos las cosas, y cómo, y a quién afectamos... nadie se para a pensar, todos actúan por costumbre...
    Seguiré pasando por aquí, sin duda!!! Un saludo! :)

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  9. Gracias por tu comentario, Irantzu, y por leerme, y bienvenida. Según crece mi hija me doy cuenta cada vez más y más de lo complicado que es educar diferente en un sistema podrido. Pero no por ello debemos de cesar en el empeño. Saludos!

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  10. Me encanta este post. Decirte no vas tan lejos con tu comentario de poner de moda la cocaina en niños, ya que sí esta muy de moda administrar anfetaminas a enanos, eso sí recetadas, que entonces no hacen daño...

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  11. Jeje.. ¡Me encanta, Mujer Salvaje y Sabia, Mujer Salvaje! Te animo a seguir siendo la peor de las hijas, esposas y madres... ;-)

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  12. !wow!
    Yo no sé si seré o no seré madre, pero si lo soy también quiero ser muy muy mala con mi hijo/a :) Mientras tanto seguiré siendo mala a secas. Gracias por inspirarnos..!

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  13. Qué muñeca más preciosa tienes!!!
    Enhorabuena por ella y por tu forma de pensar! :)

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