Soy mujer, vegana, wiccana, madre de una niña a la que estoy criando de la forma más natural posible, pareja de un cantautor también vegano, y madre adoptiva de dos gatas que viven en mi casa y que colechan con todos nosotros. Todavía me queda muchísimo que aprender, sin embargo, lo que ya he aprendido me gustaría compartirlo con todos los que estéis dispuestos a escuchar.







domingo, 5 de agosto de 2012

Crónicas de una familia vegana, parte I: Alimentación durante el primer año


Macarrones con bolognesa de soja, una de las comidas preferidas de Gaia

El 27 de julio de la semana pasada mi hija cumplió un año. Un año durante el cual ha vivido de forma vegana. Ese mismo día estuvimos en el pediatra para la revisión correspondiente: su peso y talla están dentro de los rangos normales, así como su índice de masa corporal. Gaia es medianita tirando a grande. Su desarrollo cognitivo y motriz es completamente normal, siempre ha sido una nena bastante espabilada con las limitaciones de cualquier bebé, claro está: tampoco es una pequeña genio. Su ritmo de aprendizaje y desarrollo de habilidades es correcto, como el de cualquier otro niño de su edad. Os contaría gustosamente todas las monerías que sabe hacer, pero no creo que sea éste el post adecuado. Lo único que quiero dejar patente es que mi hija se ha desarrollado de una forma completamente normal.
Gaia a lo largo de su primer año no ha enfermado nunca. Tan sólo en un par de ocasiones ha tenido un poco de moquito líquido, sin flemas ni irritaciones de garganta, lo que considero totalmente normal con un clima como el que tenemos donde vivimos, ya que en invierno no han sido pocas las veces que hemos salido a pasear a 0 grados de temperatura. A pesar de ello, no ha tenido fiebre ni se ha llegado a resfriar. No suele tener problemas de estreñimiento y su tránsito intestinal habitualmente es muy regular. No tiene ninguna alergia ni intolerancia alimentaria, ni siquiera al huevo, que aun siendo veganos le dimos a probar en su momento(ecológico, eso sí) para asegurarnos. Mi hija goza de buena salud. Tiene mucha vitalidad, duerme fenomenal por las noches y por el día ríe sin parar. Sigue tomando leche materna a demanda.
Gaia empezó a tomar alimentación complementaria a partir de los seis meses, a pesar de que la pediatra que nos atiende normalmente quiso que empezara a introducírselos entre los 4 y 5 meses, contrariamente a las recomendaciones de la OMS y aun a sabiendas de que yo no tenía que incorporarme al trabajo en esas fechas, por lo que no había prisa por hacer que la niña se acostumbrase a comer en mi ausencia. No obstante, consulté a algunas amigas, entre ellas otra pediatra y una nutricionista, y tomé la decisión de llevarlo con mucha calma. Comenzamos a introducirle alimentos a mi hija un poco dejándonos llevar por su lenguaje no verbal y por nuestro propio instinto, comprobando que había perdido el reflejo de extrusión, que sabía mantenerse sentada(con apoyo al principio, pero sabía tener el tronco erguido de forma natural) y que realmente sentía curiosidad por la comida, además de saber expresar su rechazo por los alimentos que no le gustan. También contradiciendo las recomendaciones de nuestra pediatra asignada no sustituí ninguna toma de pecho, en primer lugar porque lo doy a demanda y la 3ª toma un día puede ser a las once y otro día puede ser a la una; en segundo lugar, porque sé, como cualquier persona que tenga un mínimo de conocimiento al respecto, que una toma de leche materna alimenta bastante más que media manzana triturada, como mínimo que tiene más calorías, al margen de todos los anticuerpos y sustancias esenciales para el desarrollo que contiene, por muy sana que sea la manzana; en tercer lugar, porque no creo en los métodos, y por lo tanto, no creo que comenzar a alimentar a un bebé deba depender de medidas exactas ni de horarios rígidos ni de la eliminación de la leche materna para que le quepa el alimento. Es por esto último por lo que la alimentación complementaria recibe este calificativo: porque complementa, de lo contrario se llamaría alimentación suplementaria, o algo por el estilo.
Siendo así, y tras esta larga explicación de los planteamientos a los que me ceñí, Gaia empezó a tomar diferentes comidas en perfecta armonía con sus tomas de pecho. Si llegaba la hora de comer y acababa de tomar pecho, por lo que no tenía demasiada hambre, pues simplemente me esperaba un ratito antes de darle el plato de comida. Algunos días comía un plato entero, y otras veces tan sólo una cucharada, pero nunca se le ha obligado a comer ni le hemos puesto papillas en biberones para que “entre más fácil”, como me decía mucha gente.
Realmente, hasta los ocho meses la relación de mi hija con la comida sólida era más bien de experimentación, como es lógico. No esperaba que hiciese ya las cinco comidas reglamentarias, sino que fuese probando sabores, texturas, ir comprobando qué alimentos le gustaban y cuáles no, o si alguno le sentaba mal. Hasta entonces le habíamos dado purés, alguna papilla y fruta muy madura rasgada con una cucharita. Sin embargo, comencé a notar una evolución en mi hija hacia una forma de comer más parecida a la nuestra, y de pronto empezó a rechazar las comidas licuadas. Es por ello que, gracias a mi amiga Eva que me dio el empujoncito, comenzamos a practicar con Gaia el Baby Lead Weaning, una técnica de introducción de alimentos sólidos que propone servir éstos sin triturar, en trocitos pequeños, bastoncitos que los propios bebés puedan coger con sus manos y  bien tiernos, pero nada diferente de lo que se comería un adulto. Me parece bastante recomendable aunque reconozco que sólo se debe llevar a cabo cuando se está realmente seguro de ello, por el miedo al atragantamiento principalmente y porque el BLW se debe adaptar a la demanda y los ritmos del niño, y no al contrario. La elección de esta práctica es muy personal y debe satisfacer principalmente al niño y también a la persona que va a darle de comer, en el sentido de que ésta se sienta cómoda. En nuestro caso, fue muy productivo que Gaia comenzase a comer “comida real”, pues sigo pensando que esta manera de alimentarla ha sido lo que ha despertado en ella verdadera curiosidad por las comidas. A día de hoy, y desde hace ya algunos meses, todos en casa comemos lo mismo, sólo que el curry picante me lo pongo yo después en mi plato. Por lo demás, arroces, pastas, legumbres, tortilla de patatas(vegana), platos de cuchara, alguna pizza de verduras, hummus y hasta gazpacho andaluz son habituales menús de mi hija.
En cuanto a la introducción de alimentos en un niño vegano, nosotros hemos seguido recomendaciones de la Vegan Society y de la ADA(Academia Americana de Dietética), por lo que este proceso no ha sido muy diferente de la dieta omnívora en bebés. Comenzamos por los cereales sin gluten y algunas frutas(exceptuando las que se consideran más alérgenas), los tubérculos(patatas o zanahorias), las verduras(exceptuando las de hoja verde). A partir de los ocho meses entraron las legumbres sin piel y algún derivado de la soja en días alternos, para no abusar. Y acercándonos al año, los alimentos que ha ido probando han sido cada vez más normales, por lo que ahora mismo come absolutamente de todo siempre y cuando sea vegano.
Hace algunos años creí que esto sería imposible, dificilísimo, arriesgado y peligroso. Ahora miro atrás y veo que ha sido muy sencillo y que todo ha fluido de una forma muy natural. Cabe decir que la leche materna ha seguido siendo el alimento principal de Gaia, lo cual es muy recomendable no sólo en niños veganos, y es ésta precisamente  su principal fuente de nutrientes importantes, entre ellos la vitamina B12. A pesar de que existe una gran preocupación por el hierro y la anemia ferropénica a partir de los seis meses de vida, por lo que se insiste tanto en empezar a dar carne a los niños, la leche materna parece ser que contiene poco hierro pero de muy buena biodisponibilidad. Además, estudios afirman que los niños veganos no presentan estadísticamente una incidencia mayor de anemia respecto a los niños omnívoros, y por otro lado, la gran presencia de frutas frescas en la dieta vegana supone una fuente de vitamina C que facilita en gran medida la absorción de hierro. Gaia además es suplementada con vitamina D, al igual que todos los bebés en España según recomendaciones pediátricas oficiales. Además, su suplemento de vitamina D contiene DHA extraído de algas, un suplemento que es consumido por la mayor parte de la población infantil(que no suele ser vegana) y se encuentra fácilmente en farmacias.
Quisiera que mi experiencia demuestre que la alimentación vegana en bebés y niños es perfectamente segura dentro de un planteamiento equilibrado y completo, al igual que la dieta omnívora deja de serlo si no es equilibrada, pues existen muchas  personas con anemia, déficit de vitaminas  o problemas de descalcificación que no son veganos ni por asomo, ni siquiera ovolactovegetarianos. Esto es un hecho demostrado y una verdad como un templo.
Una vez más quiero dar gracias a la UVE, a Lucía y a Inés por ayudarme en este caminito bello pero sinuoso como el que más. Sobre menús, recetas y otros asuntos relacionados con mi niñita vegana os seguiré hablando más adelante.
Por el momento, os dejo algunos links de interés:
Recomendaciones de la UVE respecto a dietas en bebés y niños:
Informe de posicionamiento de la ADA:
Manual de nutrición de la Asociación Española de Pediatría:
Y si os interesa este tema, no dejéis de consultar el libro “Niños veganos, felices y sanos” de David Román. Aquí os dejo una breve presentación:
http://www.unionvegetariana.org/sites/default/files/ninosveg.pdf

Gaia en la actualidad, vegana y... ¡muy sana!

No quiero decir con esto que mi manera sea la mejor, pero tampoco la peor. Simplemente es la que hemos elegido. No soy médico, no pretendo que nadie siga mis recomendaciones sin consultar a profesionales y fuentes fiables. Pero si alguien ya está metido en el camino, sencillamente deseo que mis pasos ya andados puedan servirle de inspiración.

8 comentarios:

  1. Me gusta mucho tu entrada! Creo que voy a hacer una parecida en mi blog. Entre esto y las entradas de Lucía, tenemos que dar visibilidad a los peques veg*anos!! :-)

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    1. ¡¡Por supuesto!! Tenemos que empezar a salir del armario, ¿o de la despensa? Abrazos!

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  2. Me encanta Gaia en esa foto, vestida de Consuelo Berlanga jajajajajaja...

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    1. JA JA JA!! Qué cosas tienes! A mí también me hace mucha gracia vestirla de "mayor". Abrazos.

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  3. No sé si te pasa, pero después de sólo algunos meses siendo vegana, me parece que lo más fácil es la alimentación, y es curioso porque antes de "traspasar el umbral" :P me parecía lo más complicado... no me imaginaba cómo sería comer sin usar leche, queso, huevos... pero al final, no los echo de menos ni nada. Es engorroso estar leyendo etiquetas, pero no es para nada tan difícil encontrar qué comer o cocinar. Me complican más otras aristas, como encontrar calzado escolar sin cuero (acá en Chile visten uniforme) o artículos de limpieza e higiene que no testeen; admito que con estos últimos a veces me toca hacer la vista gorda. :-/
    Felicidades (atrasadas) a tu hijita! :)

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    1. Tienes toda la razón. Yo al principio también pensaba que lo más difícil era la alimentación y ahora es pura rutina. Y en cuanto a la cosmética y productos de higiene, te animo fervientemente a que los fabriques tú misma. Tengo recetas que pueden servirte(hice un curso), así que si las necesitas escríbeme. También puede serte útil este blog:
      www.elblogdeelisabet.blogspot.com
      ¡Suerte!

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    2. Me he equivocado con la dirección:
      www.elisabetf.blogspot.com
      Lo tienes en mi barra de blogs preferidos, sólo tienes que pinchar encima. Un abrazo

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  4. Hola :) Voy a reenviar el enlace de tu entrada a mi hermana ahora mismo. Mi sobrinito tiene a penas 1 mes de vida, así que tus andanzas por este bello pero sinuoso camino pueden ayudar a inspirar a papi y mami. Gracias! Por tener convicción, por atreverte a explorar el camino que te señala tu instinto, y por tener la generosidad de compartirlo después.

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